En el Mercado de Mixhuca,
como se conoce popularmente al Nuevo Mercado San Lázaro, trabajan
alrededor de 80 locatarios
Metropoli lunes, 26 de enero
de 2026
Genoveva Ortiz
Los pasillos del mercado Nuevo
San Lázaro, conocido como el Mercado Mixhuca o Mercado
de Peces, en la alcaldía Venustiano Carranza al oriente de
la Ciudad de México, muestran una pequeña parte de la fascinante y serena vida
marina. Aquí los visitantes pueden pasar varios minutos parados frente a
las peceras para observar y conocer más acerca de las especies
acuáticas.
Aquí no se venden perros
ni gatos, hay peces de ornato, en su mayoría de importación,
aunque también puede haber especies nacionales que provienen
de criaderos como las Unidades de Manejo para la Conservación de la
Vida Silvestre (UMA), instalaciones registradas ante la SEMARNAT que
se dedican a la conservación, reproducción y aprovechamiento
sustentable de especies silvestres y sus hábitats.
“Nosotros cuidamos a nuestros
animales, ya que, si los tuviéramos mal, enfermos o muertos, perderíamos y
perderíamos mucho”, expresan tímidamente los comerciantes, quienes
pidieron el anonimato ante el ambiente de tensión e incertidumbre que ha
generado la entrada en vigor de la ley que prohíbe la venta de animales en la
Ciudad de México, y que fue aprobada por el Congreso capitalino.
“Es un gran estrés,
todo el tiempo estamos pensando que va a llegar la autoridad para quitarnos
nuestra fuente de ingresos, nuestros peces”, dicen algunos de los locatarios
que accedieron a hablar con La Prensa.
“Nadie quiere hablar ni decir
nada por miedo, porque hemos detectado que hay una campaña mediática muy
fuerte para desaparecer la venta de animales de los mercados públicos,
bajo el falso argumento del maltrato animal, cuando aquí lo más que
nos preocupa es el bienestar de nuestros animales”, expresaron los
comerciantes.
Explicaron que la inquietud se
acrecentó a raíz de los operativos realizados en el Mercado Sonora.
“Nadie quiere hablar, hay miedo, incertidumbre y
un ambiente tenso por la división que han provocado las mismas
autoridades”, agregaron.
Más allá de la venta de peces,
brinda un apoyo terapéutico
En el Mercado de Mixhuca,
como se conoce popularmente al Nuevo Mercado San Lázaro, trabajan
alrededor de 80 locatarios, aquí no se venden perros ni gatos, su
quehacer está enfocado a los peces de ornato, plantas
terrestres y marinas, insectos y algunos roedores,
como ratas, hámsters y conejos.
Aquí también se pueden encontrar
una gran variedad de insectos, como grillos, cucarachas,
cochinillas, pulgas y lombrices, así como caracoles, moluscos y
arácnidos, que los clientes buscan como alimento para
otras especies, o bien, para actividades de enseñanza e investigación,
como es la elaboración de terrarios, a través de los cuales los
estudiantes pueden reproducir un ecosistema sustentable, conocer
más acerca de sus características y propiedades.
También hay quienes buscan este
tipo de especies con fines terapéuticos.
“Hay gente con cáncer o
con problemas de salud mental, como la depresión, ansiedad o suicidio,
que vienen aquí porque sus médicos les recomiendan tener una pecera o
tener un animalito en su casa con fines terapéuticos”, explicaron los
locatarios.
“Tener una pecera o
un acuario en casa reduce el estrés, observar a
los peces por al menos 15 minutos ayuda a fomentar la meditación y
la concentración, mejora el estado de ánimo de las personas y
genera apego y motivación”, explicaron los comerciantes.
“A través del cuidado de
los peces, las personas aprenden qué deben darles de comer, qué tipo
de temperatura y hábitat marino es adecuado
para la especie que tienen o con qué otras especies pueden convivir”,
señalaron.
Un espacio que contribuye a la
enseñanza fuera del aula
“Aquí no se trata de vender por
vender, por lo que cada compra va acompañada una guía, donde se
indica qué peces pueden estar con otros peces u otras especies, tipo de alimentación y cuidados”,
explicaron los locatarios al señalar que lo importante es generar conciencia entre
la población que cualquier error en esta labor puede significar la muerte de
los animales.
“Muchos niños llegan porque en la
escuela les piden hacer ecosistemas sustentables, y en lugar de
libros o pantallas, los estudiantes aprenden observando de primera mano cómo
interactúan plantas, insectos, lombrices, caracoles y pequeños roedores dentro
de un entorno controlado”, señalaron.
“Estos ejercicios despiertan
la curiosidad científica desde edades tempranas, porque los
niños aprenden que el grillo o el caracol se
comen las plantitas, que los animales tienen ciclos
de vida y que incluso pueden reproducirse”, indicaron.
Para muchos estudiantes que
crecen en departamentos pequeños y zonas altamente
urbanizadas, este mercado representa su primer acercamiento real con
especies que nunca habían visto, señalaron.
“Una vez vino aquí un estudiante
de robótica del Politécnico que buscaba
un escorpión, porque iba a fabricar un escorpión robótico y
necesitaba ver cómo eran sus movimientos y sus articulaciones”,
narraron.
“Que regulen bien, porque su ley
está mal hecha, cada especie es distinta y no todos los animales pueden
ser tratados como si fueran perros o gatos, quieren prohibir todo,
desde la pulga de agua hasta la lombriz de tierra,
que son un insumo clave para los criadores de axolotes, las peceras,
acuarios y terrarios”, lo que puede poner en riesgo la sobrevivencia
de flora y fauna que viven en la Ciudad.
“Una vez vino aquí un estudiante
de robótica del Politécnico que buscaba un escorpión,
porque iba a fabricar un escorpión robótico y necesitaba ver cómo eran sus
movimientos y sus articulaciones”, narraron.






